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Mostrando entradas de noviembre, 2025

LA BÚSQUEDA DE IRANON H.P LOVECRAFT

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 LA BÚSQUEDA DE IRANON H.P LOVECRAFT. En la ciudad de granito de Teloth vagaba el joven, con corona de vid, el pelo amarillo reluciente de mirra y la túnica púrpura rasgada por las zarzas de la montaña Sidrak que se extiende al otro lado del antiguo puente de pie dra. Los hombres de Teloth son oscuros y severos, y habitan en casas cuadradas, y con el ceño fruncido preguntaron al forastero de dónde había venido y cuáles eran su nombre y su fortuna. El joven respondió: "Soy Iranon, y vengo de Aira, una ciudad lejana que sólo recuerdo vaga mente pero que busco volver a encontrar. Canto canciones que aprendí en la ciudad lejana, y mi vocación es embellecer los recuerdos de la infancia. Mi riqueza está en los pequeños recuerdos y sueños, y en las esperanzas que canto en los jardines cuando la luna es tierna y el viento del oeste agita los capullos de loto." Cuando los hombres de Teloth oyeron estas cosas murmuraron entre sí; pues, aunque en la ciudad de granito no hay ris...

Himalaya. Nicholas Roerich.1930.

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  Himalaya. (De la serie del Himalaya) Nicholas Roerich. Fecha aproximada: 1930. Nicholas Roerich dedicó más de una década a crear más de 500 obras en relación al Himalaya. Su arte fue tan influyente que inspiró el relato En las Montañas de la Locura, de H. P. Lovecraft, y se grabó tan profundamente en mi mente que no puedo evitar imaginar la enigmática ciudad de Corona Mundi oculta tras esas inmensas montañas.

Juan Rulfo. No oyes ladrar los perros -- El llano en llamas.

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  No oyes ladrar los perros en El llano en llamas. Juan Rulfo. —Tú que vas allá arriba, Ignacio, dime si no oyes alguna señal de algo o si ves alguna luz en alguna parte. —No se ve nada. —Ya debemos estar cerca. —Sí, pero no se oye nada. —Mira bien. —No se ve nada. —Pobre de ti, Ignacio. La sombra larga y negra de los hombres siguió moviéndose de arriba abajo, trepándose a las piedras, disminuyendo y creciendo según avanzaba por la orilla del arroyo. Era una sola sombra, tambaleante. La luna venía saliendo de la tierra, como una llamarada redonda. —Ya debemos estar llegando a ese pueblo, Ignacio. Tú que llevas las orejas de fuera, fíjate a ver si no oyes ladrar los perros. Acuérdate que nos dijeron que Tonaya estaba detrasito del monte. Y desde qué horas que hemos dejado el monte. Acuérdate, Ignacio. —Sí, pero no veo rastro de nada. —Me estoy cansando. —Bájam...